Parece como si el tren fuera la columna de esta región. En este viaje conoceré Tapachula. Dicen que es grande, tiene edificios y salas de cine. O mejor aún, esta cerca de Guatemala, y podré ver esas telas tan diferentes que se venden por yardas. El tren atraviesa como un hilo de humo las huertas en Chahuites, a los lados del tren los mangales vuelven verde todo. Asoman los últimos mangos oro con cachetes colorados, los cotorras vuelan en grupo y hacen escándalo de voces mezcladas. Las hojas del mango oro son verde oscuro y brillantes, y las del mango piña son delgadas y mas opacas. Al final de la temporada son los últimos en producir.
En casa quedaron mis padres y mis hermanitas. Mis hermanos ya salieron del pueblo todos salimos de allá con dos corazones. Sí, yo nunca quise separame de mi madre, pero hay tantas necesidades. No puedo llevarme el bocado, pensando que ella deja de hacerlo para nosotros. Nunca habla de eso. La vida de la familia de campesinos es dura. Cuando los mangos tienen fruta es un poco mas sencillo. La temporada de lluvias cambia todo. La entrada a la huerta se vuelve imposible, los zancudos se reproducen mas, y el mango se llena de una plaga terrible de gusanos y ya nadie lo compra. La vida cuesta más. En Tapachula mis tías me enseñaran a trabajar, yo aprendí a hacer ropa, he cosido mis vestidos de vuelos y crinolinas y me siento joven y muy bella. Soy mas alta que la mayor parte de las mujeres que conozco, me siento diferente a ellas. Yo sé que soy diferente, pues me inquieta este mundo nuevo. Y no veo mi vida esperando a que cambie de acuerdo al mango y al clima, mis amigas me miran burlonamente pero no me importa. Allá quedó mi pueblo, en medio de cuatro cerros, con el río ancho, bravo cuando agarra agua y amoroso allá por Paso Hondo, llenando de vida a los mangos, a las milpas, lleno de bagres, mojarritas, popoyotes y piguas (langostinos). En su paso por mi pueblo deja su razón y le da vida a las matas de plátanos, a los mangos, a los pueblitos, a los ranchitos. Las vacas me miran desde fuera, ya estamos en Chiapas, puro llano. Pastura, verde y vacas, muchas vacas de color rojizo, cebú, y suizas. El aire huele a tabaco, a café. Que tierra tan rica, aquí venden queso de muchos tipos. Los hombres que abordan el tren, miran algunos tímidamente, otros con descaro. Observan, que manera de hacer sentir a las mujeres como una cabeza de ganado. Bueno para quien busca una vaca... Solo se le da una nombre, vaquero, toro o .... Ja, ja, ja¡
Con una paz infinita los ojos confiados de una vaca me miran, mueve pausadamente su cola, y se voltea. Así me va a recibir Tapachula, sin emoción. Soy yo una más de tantas gentes que buscamos otro futuro, otra vida. Más gente entra al tren. Allá suena una marimba, estamos cerca de Tapachula, que calor¡ Este calor es húmedo, se pega al cuerpo, y se siente como una tela adherida al cuerpo. La humedad, el bochorno, dentro de este vagón lleno de gente, de comida. No importa, ya estoy en Tapachula. Es tan grande, tan hermosa. Están mis tías esperándome. Con sus trenzas amarradas con listones color dulce, me miran me abrazan con tiernos besos me dicen que estan felices de verme, y buscan adivinan en mi rostro los rasgos de su hermano. Ellas si se parecen a mi papá. El pelo negro hace un pequeño fleco, con ondas perfectamente marcadas, son hermosas. Morenas, delgadas, con risa franca y voz bien clara. Son diferentes a las mujeres de mi pueblo. Tienen algo diferente. La ropa es como la mi madre, sus faldas son largas, traen su huipil de flores, flores gigantes combinando colores. Matizando, graduando y haciendo un cuadro que no puedo dejar de ver. Mi madre no me vistió así. Yo uso vestidos, como la moda de ahora. Aunque me gustan la nagua y el huipíl, no podré usarla nunca como ellas. Se mueven en sus faldas y parecen tuviera su propio ritmo, como florecitas chiquitas, (farasita, decia mi madre), vamos caminando y hay tanta gente de tantos lugares. Mujeres con ropas blancas y mirada baja. Mujeres menuditas con la cara que deja no comer bien. Mujeres con el dolor que deja ver a los hijos creciendo sin esperanza mas que la pobreza. Dolor por todos lados. Dolor de pobres. Yo fui a la escuela, pero en casa se necesitaban manos, manos que ayudaran a criar, a cuidar a mis hermanos. Deje la escuela, los cuadernos, pero cuanto libro, periódico,revista, cayó en mis manos, fueron leídos con trabajo pero siempre me dieron ganas de saber que había mas allá de las huertas, de la carretera. La carretera es nueva, ancha y los carros pasan de cuando en cuando.
1 comentario:
ay!
tienes blogspot es tan fancy*
haha
no
pues ahi me dejas entrar a uno qe solo admiten usuarios
ash yo soy mortal ni modo!
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