Sonriendo

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Buenos días!!!!!!!!!!!!!!!

24 noviembre 2007

El mar

El viento en Diciembre es frío. Hasta el mar se vuelve gris y frío. Cuando amanece el tren pasa rápido y si no me apuro no podré vender en Arriaga. Que frío hace¡
Mi niño tiene seis meses de edad. No tengo veinte años y mis tres hijos necesitan tantas cosas, solamente allá venderé el camarón que pescó él, mi esposo. Los niños me miran con lágrimas en los ojos y suben todo rápidamente al tren, ya están arriba los canastos, las redes de calabazas y el tren empieza a andar de nuevo. No¡ Abajo quedó la canasta donde está mi niño. De un salto caigo desde el tren andando. No pasa nada, ya tomo al bebé en mis brazos, llora desesperado y lo abrazo. Después la negrura. No sé donde estoy. No me reconozco. Las vendas en mi cabeza y brazos me dicen que si pasó algo.
La niña, mi pequeña Dora, llora al mirarme, Patricio mi hijo y Ernesto mi amado con mi bebecito están junto a mí. Dios mío¡¡ Casi no los distingo, otra vez la negrura, no sé que me pasa. Realmente siento morir.
Hay tanto tiempo para vivir, para cuidar a mis hijos. ¿Quién enseñará a Dora como vivir? ¿Quien esperará a Ernesto cuando salga a pescar? ¿Quien cuidará a mi pequeño bebé, a Patricio?
¡La negrura y el dolor están ahí y no se van!
Las pocas personas que quizá ayuden a mis hijos también tienen los suyos. Realmente no creo que esto dure mucho, ¿y si me levanto?
Afuera el olor de los nanches inunda todo, los pescados al sol, las redes secándose. Ernesto me cuida, con amor. Está agotado, no puede hacer todo. Debe pescar, cuidar a los niños, la casa y el bebé no deja de llorar. ¿Cómo vender el camarón, los pescados?
Ya está, debo levantarme, Dora está sentada junto a los tulipanes (hibisco), meciendo al bebé , Patricio está con Ernesto limpiando la pesca del día y un gato los sigue, la luz se refleja en el agua, como monedas, como los cristales de los aretes. El aire agita los carrizos, el ruido del mar, el agua cortada por las lanchas, todos los ruidos se encuentran en uno solo.
Al fin estoy entre ellos, respiro con gusto el olor del mar, de los pescados, el olor de la vida.
Sé que el día que tenga que irme, lo último que tendré será la mirada de mis hijos, el gusto a sal de los besos de Ernesto y este calor del sol mezclado con el mar. Junto al mar, dador de vida aquí quedaré. ¿hasta dónde llegará mi sangre? ¿Tendrán tiempo para cumplir sus sueños? ¿Valor para llegar sin sufrimiento al final?
Es tan difícil desprenderse de la vida, de la luz, de lo brazos de mis niños y de Ernesto... sabiendo que nadie tendrá cariño para ellos pronto, que esta vida es dura, cruel . Como es a veces el mar.

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